Entre las afecciones susceptibles de afectar a la mandíbula, la pérdida ósea no debe minimizarse en ningún caso. Esta disminución de la densidad ósea se traduce en una degradación del hueso periradicular (tejido situado alrededor de la raíz del diente).
Las distintas causas posibles
Se distinguen dos causas principales en materia de pérdida ósea: las enfermedades periodontales y el envejecimiento. La pérdida ósea sigue, en efecto, frecuentemente a una afección periodontal que no ha sido tratada o que no ha recibido una atención adecuada. La gingivitis, al igual que la periodontitis, puede degradar la masa ósea, empezando por el hueso alveolar (hueso que rodea la raíz dental). Este pierde entonces densidad y ya no consigue mantener el diente en posición. Estas patologías también pueden generar heridas y abscesos que, de no ser tratados, contribuyen a su vez a la degradación ósea.
Las causas naturales también merecen atención cuando se habla de pérdida ósea. El envejecimiento participa en la disminución de la densidad del hueso, en una reducción de la firmeza de las encías, en un debilitamiento de su unión al hueso y al diente, y por tanto en una estabilidad dental reducida. El aporte de flúor y de calcio resulta indispensable para preservar la buena salud de las encías y de los dientes. En caso de deterioro, el hueso periradicular puede verse afectado. La pérdida ósea puede, además, resultar de una infección localizada en la mandíbula o de una infección dental. Una fractura del diente también puede ser causa, así como una higiene bucodental descuidada.
Los síntomas a vigilar
Es posible detectar una pérdida ósea a través de una movilidad dental aumentada. Esta afección se manifiesta con una pérdida de anclaje de los dientes a la mandíbula, ya que el hueso alveolar deja de soportar las raíces de manera óptima. Los dientes más móviles se desplazan entonces con facilidad, ya sea al simple contacto o durante la masticación.
Cuando la pérdida ósea está provocada por una enfermedad gingival como la gingivitis, el síntoma más significativo es esta vez la hinchazón de la encía. Esta hinchazón puede, en algunas situaciones, ir acompañada de dolores gingivales, de una sensibilidad marcada o de sangrados. La formación de una bolsa periodontal también constituye un indicador de pérdida ósea.
Si sientes alguno de estos síntomas, no pierdas tiempo: es indispensable contactar con tu cirujano dentista en Cannes lo antes posible a fin de recibir un tratamiento adecuado antes de que el problema se agrave.
Los tratamientos que pueden aportarse
Frente a una pérdida ósea, las opciones terapéuticas siguen siendo relativamente limitadas. En la mayoría de las situaciones, habrá que recurrir a un injerto óseo. Es necesario realizar un examen previo para evaluar con precisión el estado del hueso y determinar la intervención a realizar. El injerto permite colmar el déficit de masa ósea en la mandíbula. La extracción se efectúa generalmente a partir del hueso maxilar, lo que reduce fuertemente los riesgos de rechazo.
Gracias al injerto, el capital óseo del paciente puede restaurarse íntegramente. Esta técnica contribuye a restablecer el periodonto que sostiene el diente.
También es posible recurrir a xenoinjertos, como el hueso desmineralizado de origen bovino (Bio-Oss), o a aloinjertos (hueso de origen humano).