También llamada odontofobia (o estomatofobia), el miedo al dentista es una aprensión particularmente extendida que afectaría a cerca del 54 % de los franceses según encuestas recientes. En las situaciones más marcadas, puede llegar hasta el rechazo de los cuidados, con verdaderas repercusiones para la salud. Aplazar la atención de una caries puede en efecto resultar costoso en consecuencias. Para evitar este tipo de espiral, existen afortunadamente métodos sencillos para calmar la angustia de los pacientes más reacios a sentarse en el sillón.
No dudar en hablarlo
Para aligerar su ansiedad, las personas propensas a esta fobia tienen todo el interés en expresarla. El primer interlocutor es el propio dentista: hablar con él del miedo sentido ayuda a instaurar un clima más relajado y a bajar la tensión. Cuando la situación es muy grave, hasta el punto de que el mero hecho de pedir cita representa una prueba imposible de superar, es prudente buscar acompañamiento. Consultar a un psicoterapeuta o compartir la experiencia con otros odontofóbicos figuran entre las gestiones recomendadas.
Buenos hábitos a adoptar
Establecer una pequeña rutina a aplicar antes de cada consulta en el dentista es perfectamente posible. Hay que privilegiar todas las técnicas que favorecen la relajación y disminuyen la tensión. Se evitarán en especial los excitantes como el café y se procurará acostarse pronto la víspera de la cita. En la sala de espera, conviene buscar la relajación: escuchar música, sumergirse en un libro o trabajar la respiración son buenas opciones. Otros enfoques como la sofrología o la acupuntura también muestran resultados concretos para calmar el estrés.
El recurso a la anestesia
En los casos más graves, el miedo al dentista se convierte en un obstáculo que ningún medicamento ni el óxido nitroso logran salvar. Conviene entonces considerar una anestesia para hacer frente a la angustia del paciente. La neuroleptoanalgesia, una anestesia ligera, se utiliza cada vez más en esta indicación. Gracias a sedantes, ayuda a desactivar los miedos. Los odontofóbicos que se enfrentan a cuidados importantes podrán privilegiar una anestesia general con hospitalización. Esta opción tiene la ventaja de ser indolora y de permitir tratar o extraer varios dientes en una sola intervención.
Acostumbrar a los niños a las consultas
Muy presente desde la infancia, el miedo al dentista tiende a prolongarse en la edad adulta si no se hace nada. La mejor manera de evitar que los más jóvenes teman una cita es familiarizarlos con el entorno de la consulta. Una visita anual a un dentista en Cannes permite domesticar el ambiente del lugar. Una vez instalada la confianza del niño, el riesgo de fobia se desvanece.
Productos que facilitan la relajación
El cirujano dentista también puede prescribir medicamentos con efectos ansiolíticos que contribuyen en gran medida a atenuar el miedo sentido. La sedación consciente con óxido nitroso da excelentes resultados en las personas fóbicas. La mezcla equimolar de oxígeno y protóxido de nitrógeno se inhala durante unos minutos con la ayuda de una mascarilla y procura una profunda sensación de relajación. Este método tiene la ventaja de estar exento de efectos indeseables y de atenuar los dolores moderados.