También conocido como alisado radicular, el curetaje dental forma parte de los cuidados prodigados por el dentista. Esta intervención se realiza para frenar la evolución y prevenir el agravamiento de una periodontitis. También permite tratar un absceso localizado en el interior de las encías.
¿En qué consiste el curetaje dental?
Existen dos variantes de alisado-curetaje: el curetaje cerrado y el curetaje abierto. El curetaje dental cerrado se practica con el fin de retirar la placa dental y el sarro acumulados a la altura de la raíz de los dientes, bajo la encía. Recomendada en los pacientes con periodontitis, esta intervención se desarrolla de la siguiente manera: tras levantar la encía, el dentista reduce la placa dental procediendo al curetaje de las bolsas, es decir, de los espacios aparecidos entre la encía y el diente. La operación se complementa por lo general con una irrigación de las bolsas periodontales mediante antisépticos. Si bien esta técnica no puede, por sí sola, curar una periodontitis, sí permite limpiar perfectamente la raíz de los dientes y preservar la salud de las encías.
El curetaje dental abierto está indicado en caso de patología periodontal severa. El dentista abre y separa las encías infectadas para retirar los tejidos enfermos. Una vez realizado este gesto, cierra la encía mediante suturas. Esta intervención también puede servir para tratar un absceso periodontal.
Antes de un curetaje dental, el paciente debe realizar por sí mismo distintos cuidados. Por ejemplo, para favorecer la eliminación de la placa dental, el dentista puede prescribir el uso de cepillos interdentales o de enjuagues bucales a base de clorhexidina. La intervención en sí se efectúa en dos a cuatro sesiones. Si el tratamiento se extiende a 2 sesiones, cada una de ellas dura, según la importancia de la enfermedad periodontal, entre 45 minutos y 2 horas. Practicado bajo anestesia local, el alisado radicular no provoca dolor. Durante la intervención, el dentista utiliza diversos instrumentos manuales así como un aparato emisor de ultrasonidos. Una vez terminado el curetaje, se prescribe sistemáticamente una cura de antibióticos para prevenir cualquier riesgo de infección.
Curetaje dental: ¿cuáles son las consecuencias y precauciones a tomar después?
Tras un alisado-curetaje, es frecuente sentir molestias y ligeros dolores en las encías, a veces acompañados de sangrados poco abundantes. Para la comodidad del paciente y a fin de limitar el riesgo de recidiva, el dentista puede indicar distintas soluciones:
- el uso de un antiinflamatorio no esteroideo, a base de ibuprofeno por ejemplo, puede atenuar los dolores;
- una alimentación compuesta de alimentos blandos en lugar de duros contribuye a reducir la sensación de molestia tras la intervención;
- los alimentos y bebidas muy fríos o muy calientes están fuertemente desaconsejados. Además, se recomienda evitar los alimentos con pieles o semillas susceptibles de introducirse bajo las encías, como las palomitas o las frutas con piel.
En cuanto a la higiene bucodental cotidiana, es preferible cepillarse los dientes con suavidad y utilizar un cepillo de dientes con cerdas muy suaves. Para eliminar más placa dental, se aconseja completar el cepillado diario con el uso de cepillos interdentales o de hilo dental de seda. También se preconiza el uso de un enjuague bucal antiséptico para acelerar el proceso de cicatrización. En caso de sensibilidad dental importante, el empleo de un dentífrico desensibilizante puede resultar una solución eficaz.