Esta cirugía maxilofacial (también llamada osteotomía maxilar) permite recuperar una buena posición de la mandíbula superior. La intervención puede ser necesaria en distintas configuraciones. Sigue un desarrollo preciso y exige el respeto de varias precauciones, tanto antes como después de la operación. Aquí tienes un balance completo de su utilidad y de los pasos a seguir por los pacientes.
El principio de la operación
Se practica una cirugía de la mandíbula para reposicionar segmentos óseos y restablecer perfectamente la mandíbula superior en su posición normal. Está indicada en las personas que padecen una anomalía de la oclusión dental. Cuando la mandíbula está mal colocada, los dientes no encajan correctamente y pueden aparecer numerosos problemas. Pueden citarse, en particular, una mordida abierta anterior, encías muy visibles o incluso una retromaxilia.
Estos trastornos generan a la vez una molestia estética en los pacientes y dificultades en el día a día, como apuro al hablar o alimentarse, chasquidos y contracturas de la mandíbula, dolores o un riesgo de retracción de los dientes. Por tanto, hay que recurrir a la operación lo antes posible, las más de las veces como complemento a un tratamiento ortodóncico. Según las situaciones, pueden ser necesarias otras intervenciones, en el mentón en particular.
Precauciones y desarrollo de la operación
Esta intervención quirúrgica habitual es segura para el paciente. Antes de la operación, se organizan consultas con un cirujano para examinar el estado de la mandíbula y definir el desarrollo de la intervención. Es obligatorio no fumar, no consumir alcohol, no comer picante ni tomar aspirina en los 10 días que preceden a la operación. Esta regla deberá respetarse a continuación hasta la cicatrización. El día de la operación, hay que permanecer además en ayunas a partir de medianoche.
En el caso de una osteotomía maxilar, una hospitalización de 1 a 3 días es la norma. Bajo anestesia general, la intervención dura entre 1 y 3 horas. Durante esta, se realizan incisiones en la mucosa bucal (que permanecerán invisibles desde el exterior). El maxilar se corta a continuación por encima de los dientes para ser desplazado a la zona deseada. Guiada por ordenador, la operación se efectúa con ayuda de férulas a medida. Los fragmentos óseos se fijan con tornillos y miniplacas de titanio, y luego la incisión se cierra con hilos reabsorbibles.
Al día siguiente, se instalan elásticos para acompañar a las mandíbulas tras este desplazamiento.
Seguimiento y resultados
Tras la intervención, puede aparecer un edema en las mejillas y los labios, sobre el que habrá que aplicar bolsas de hielo. Son posibles ligeros sangrados nasales durante los primeros días. En caso de dolores, se recomienda la toma de analgésicos.
Durante la primera fase, habrá una apertura limitada de la boca. Se privilegiarán alimentos blandos o triturados durante las comidas. Al cabo de unos diez días, se programará una consulta postoperatoria. Para evitar eventuales complicaciones, se realizará un seguimiento médico a lo largo de varios meses.
La operación puede dar lugar a una baja laboral comprendida entre 2 y 5 semanas. Debe observarse una buena higiene dental y alimentaria, con el uso de enjuagues bucales. Puede instaurarse una rehabilitación de las articulaciones para recuperar rápidamente la movilidad de la mandíbula.